Esta vivienda dúplex se caracteriza por una planta muy singular, con espacios dispuestos en forma semicircular que se abren al exterior como los gajos de una naranja. Una geometría tan particular planteaba inicialmente la posibilidad de redistribuir los espacios, pero finalmente se decidió no modificar la estructura original, ya que no se trata de una vivienda de uso permanente, sino de una segunda residencia pensada para estancias vacacionales.
La intervención se centró en una actualización de la vivienda, sobretodo de cocina y baños, renovando revestimientos e instalaciones, y aplicando una pintura homogénea en toda la vivienda.
La cocina adopta una estética cálida y uniforme, con mobiliario en tonos arena y superficies continuas que refuerzan la sensación de orden y luminosidad. Su diseño, funcional y sobrio, se integra con el resto de la vivienda manteniendo un lenguaje neutro y atemporal.
En los baños, se apostó por un tratamiento diferenciado: uno combina azul intenso y blanco, mientras que el otro incorpora verdes profundos y texturas cerámicas que aportan calidez y carácter.
El resultado es una renovación serena y funcional, que actualiza la vivienda sin alterar su distribución original, respetando su singularidad y adaptándola a las necesidades actuales de uso y mantenimiento.